VALENCIA, 13 MAR. (AVAN).- La diócesis de Valencia dispone de un servicio de atención a los sacerdotes enfermos y mayores dirigido por el también sacerdote Miguel Cerdá y con la colaboración de las religiosas Cooperadoras de Betania que rigen una residencia para presbíteros enfermos y jubilados en Quart de Poblet.

Según explica Miguel Cerdá en el último número del periódico diocesano PARAULA “en nuestra diócesis hay muchos sacerdotes mayores y enfermos crónicos y a ellos hay que sumar los enfermos ocasionales”. Asimismo, ha añadido que “hay que tener en cuenta que tenemos casi 800 sacerdotes en la diócesis con una media de edad elevada”.

Cuando un sacerdote enferma, el arcipreste o vicario territorial lo comunica a Miguel Cerdá y en ocasiones, el propio enfermo llama directamente al teléfono habilitado para este servicio, en el número 629 61 55 40. En otros casos, la noticia llega a través de los “Servicios de asistencia religiosa católica en los hospitales” (SARCHS), cuando los capellanes de hospital o personas idóneas tienen conocimiento de algún sacerdote ingresado.

Cuando recibe la información, Miguel Cerdá, que es capellán de las residencia de Quart de Poblet e integrante del equipo diocesano de Pastoral de la Salud, visita al sacerdote enfermo en su casa o en el hospital, o se pone en contacto con él para ofrecerle su colaboración y ayuda tanto a él como a su familia.

Cuando la familia no puede atender al enfermo o, simplemente, no tiene a nadie para asistirle, hay que buscar a la persona oportuna para que le acompañe. En estos casos, se cuenta con la colaboración de las religiosas Cooperadoras de Betania y también de las Siervas de Jesús, de la calle Salamanca, de Valencia, que atienden al enfermo.

Las Cooperadoras de Betania tienen un grupo de mujeres que asisten al sacerdote enfermo en el hospital o en casa, le acompañan al médico, a la farmacia o por la medicación. El propio Miguel Cerdá reconoce que también ha pasado noches velando a enfermos.

Por otro lado, en el caso de sacerdotes que sufren enfermedades crónicas se les hace un seguimiento, se les visita y se les llama periódicamente para ver cómo evolucionan.

Igualmente, “tampoco hay que olvidar la atención espiritual, tanto del sacerdote como de sus feligreses”. Por ello, el vicario territorial u otros sacerdotes de la zona, visitan al enfermo, le confiesan y le dan la comunión.

Por su parte, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, tiene diariamente información de los presbíteros enfermos, tanto de los que están hospitalizados, como en sus casas.

El servicio de atención a sacerdotes enfermos y jubilados fue puesto en marcha hace cinco años por el entonces arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, y potenciado recientemente por su sucesor, cardenal Antonio Cañizares.

(AVAN)

(Fotografía 1: Residencia de Quart de Poblet; Fotografía 2: El sacerdote Miguel Cerdá, junto al cardenal Antonio Cañizares y monseñor Carlos Osoro)

Fuente original: http://www.archivalencia.org/contenido.php?a=6&pad=6&modulo=37&id=13405&pagina=1

Por Prensa