Llegamos a final del curso académico y pastoral, y todavía nos salen al encuentro las fiestas de estos santos importantes en nuestro calendario: san Juan Bautista, san Pelagio y los santos Pedro y Pablo. A lo largo del año va trenzándose el ciclo cristológico, a lo largo el cual celebramos el misterio de Cristo en su totalidad, desde su venida hasta Pentecostés, y el ciclo santoral, en el que se prolonga la acción redentora de Cristo en los santos, que son como nuestros hermanos mayores, que nos preceden en la fe y nos dan el testimonio de su vida para que contemos con su intercesión. Entre todos ellos sobresale María Santísima, la Madre de Dios, nuestra madre.

San Juan Bautista, “el mayor de los nacidos de mujer”, como le llama su pariente Jesús. El precursor, el que va delante del Mesías preparando sus caminos, el que lo presenta en el escenario del Jordán, entre pecadores, señalando a Jesús como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y el que finalmente lo precede en la muerte violenta, que hizo entender a Jesús cuál era su propio destino. Entre los santos, san Juan Bautista ocupa una primera fila, es el único del que se celebra su nacimiento y su  martirio. En el arte, el triángulo divino (deesis) está formada por Jesucristo, María y san Juan Bautista. El 24 de junio todos los años la fiesta de san Juan marca el comienzo del verano.

San Pelagio (+ 925) es el santo Niño venido de Galicia y martirizado en la corte del Califa en Córdoba. Fue como un campanazo en toda la cristiandad, un testimoniazo impresionante para todos los cristianos de la Ibérica, el pistoletazo de salida de la Reconquista.

Es el mártir de la castidad, virtud que no ha estado nunca de moda, y menos en nuestros días. San Pelagio tiene un mensaje hoy para los niños, los jóvenes y los adultos. La sexualidad no es para el placer sino para expresar el amor verdadero. La sexualidad es un don de Dios, pero desintegrada es una bomba que explota en mano del que abusa de ella. Por este camino de la sexualidad mal empleada vienen los abusos, las extorsiones, las explotaciones, las adicciones más escondidas y más destructivas. Cuánta violencia doméstica por este camino, cuántos matrimonios rotos. San Pelagio es una profecía para nuestro tiempo: la sexualidad es buena, la castidad la hace preciosa, vale la pena trabajar por el autodominio, por el respeto al otro, por eliminar tantas desigualdades que proceden de la prevalencia injusta en este campo.

Una época como la nuestra que se precia de haber superado tabúes y represiones en el campo de la sexualidad es una época en la que más que nunca se emplea la sexualidad no para el amor, sino para la destrucción propia y ajena. Venga San Pelagio en nuestra ayuda, en ayuda de los niños y los jóvenes, para que abran sus ojos a  lo bello y hermoso del don de Dios, no manipulado sino vivido según su santa ley.

Santos Pedro y Pablo, príncipes de los apóstoles, los dos martirizados en Roma, donde sus sepulcros son lugar de peregrinación del mundo entero. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Con estas palabras Jesús entregó su Iglesia a Pedro como cabeza, y a sus sucesores los Papas, como principio y fundamento de la unidad de la Iglesia, como suprema autoridad concedida por Cristo en el seno de su Iglesia. Pedro crucificado en la colina Vaticano, Pablo decapitado en Tre Fontane. Por caminos diversos han predicado a Jesucristo y han congregado a la Iglesia.

En torno a esta fiesta se celebra el Día del Papa, bajo cuya autoridad vivimos los católicos del mundo entero y aspiramos a vivir la unidad de todos los cristianos. Oremos por el Papa Francisco, para que el Señor lo conserve y lo proteja y le dé fortaleza para cumplir la alta misión que Dios le ha confiado.

A todos, mis mejores deseos de un feliz descanso durante el verano. Dios os bendiga a todos.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

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Fuente original: https://www.diocesisdecordoba.es/carta-semanal-obispo/san-juan-bautista-san-pelagio-santos-pedro-y-pablo

Por Prensa