Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor: Dios es rico en misericordia y necesitamos esa misericordia suya y su perdón para vivir con esperanza y alegría. Hemos pecado y necesitamos arrodillarnos humildemente en la presencia de Dios para confesar nuestros pecados e implorar su misericordia que no tiene límite y su perdón que nos reconcilie. El gozo del Jubileo de este Año de la Misericordia es de un modo particular el gozo y la alegría grandes por la remisión de nuestras culpas y pecados, porque Dios no lleva cuenta de nuestros pecados y nos acepta, reconciliados con Él y entre nosotros por pura gracia suya, como hijos muy queridos de Él.

Este Año santo de la Misericordia y esta Cuaresma en el camino de la Pascua es tiempo de purificación, tiempo abierto a la gran perdonanza: la Iglesia es santa, santificada por la gracia de Dios compasivo y misericordioso, cuyo rostro lo vemos y palpamos en Jesucristo, rostro humano suyo, que ha venido al mundo no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él, que ha venido a buscar a los pecadores y sanar los corazones desgarrados y arrepentidos; los hijos de la Iglesia conocen del pecado, cuyas sombras se reflejan en ella, oscureciendo su belleza. Por eso la Iglesia no deja de implorar el perdón de Dios por los pecados de sus miembros, ni se cansa de hacer penitencia y de animar a sus hijos a purificarse en el arrepentimiento de infidelidades y pecados, que nos han alejado de Jesucristo, nuestro Señor.

Iluminados por la gracia de Dios y con la luz de su Palabra, acordándonos de su inmensa bondad para con nosotros, cada uno de nosotros, con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia, en este tiempo de Cuaresma, con la mirada puesto en el Misterio de la Pascua, de la Cruz y resurrección de Jesucristo, culmen de la entrega de Dios al hombre, de su misericordia y su amor hasta el extremo, cada uno entre dentro de sí, recuerde la misericordia y la ternura del Padre como el hijo de la parábola, haga examen de conciencia sincero y verdadero, y reconozca humildemente cuanto le ha alejado o sigue alejando del Padre y de los hermanos, es decir, reconozca sus propios pecados; y, puesta su confianza de hijo, aunque indigno, en la misericordia infinita de Dios Padre, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y resurrección de su Hijo y envió el Espíritu santo para la remisión de los pecados, cada uno vuelva arrepentido a Él, Padre de la misericordia y Dios con toda consolación; y, reconciliado y perdonado por el ministerio sacramental de la Iglesia, reemprenda gozosamente el camino conforme al querer divino, donde se halla toda esperanza. Que ninguno de los cristianos de esta Diócesis de Valencia dejemos de hacer, en este tiempo de gracia, ese hondo, amplio y necesario examen de conciencia de nuestras vidas, para que, arrepentidos, reconciliados y purificados por la gracia sacramental de la Penitencia, caminemos por los senderos de Dios, que no son otros que los que se nos muestran en el único Camino, Jesucristo, Verdad y Vida.

Delante de Dios, ante quien no cabe ocultamente ni engaño y cuya mirada sobre nosotros es de infinita misericordia, hagamos, pues, un examen profundo de nuestras vidas de bautizados; arrepintámonos con un corazón contrito, humillado y sincero; convirtámonos de todo corazón y volvamos a Dios; hagamos el propósito firme de levantarnos, de volver junto al Padre y de pedirle perdón; acerquémonos llenos de esperanza al sacramento de la Penitencia por el que nos sean perdonados nuestros pecados por grandes que éstos fueren y seamos purificados y renovados por la gracia de la reconciliación divina. No tengamos ningún temor ante este sacramento de gozo y alegría, de aliento y de esperanza, de vida nueva y de gracia misericordiosa sin límite.

El Año Jubilar de la Misericordia ha de ser para todos el “Año de la gran perdonanza”. Por esto, a lo largo de todo este tiempo, nos aprestamos más a acercarnos a recibir la gracia sacramental del perdón. Pero, además, queremos que toda la diócesis, como en un gran gesto de comunión, se arrodille ante el Señor para celebrar este sacramento gozoso y esperanzador, la semana anterior a la Semana Santa. La semana llamada antes de “Pasión”, se procurará que en las parroquias y comunidades se tengan celebraciones del sacramento de la penitencia conforme a la disciplina de la Iglesia.

En la S. I. Catedral, el Martes Santo, 22 de marzo, a las siete de la tarde, tendremos también una gran celebración comunitaria del sacramento de la penitencia. Con esta celebración en la “iglesia madre” de la Diócesis, a la que se convoca a los diferentes miembros del Pueblo de Dios-sacerdotes, consagrados y consagradas, fieles cristianos laicos, adultos, jóvenes y niños, parroquias, comunidades, asociaciones y movimientos apostólicos-, pretendemos expresar cómo toda la Iglesia diocesana siente que sus hijos hemos pecado y pide perdón, cómo somos solidarios en el pecado y vivimos la comunión de la gracia redentora y renovadora, reconciliadora y purificadora, del Dios, tres veces Santo.

Habrá un amplio y suficiente número de sacerdotes, a los que personalmente se les ha pedido la ayuda para esta celebración. Todos quedan invitados; pero de manera especial, invito a las parroquias, comunidades religiosas y movimientos de la ciudad de Valencia o del área metropolitana a que se unen a esta celebración, de por sí tan significativa y abierta a la esperanza.

Que Dios nos ayude y nos conceda su gracia para participar en este acontecimiento tan gozoso y operante en medio y en favor nuestro de su salvación. Que la Virgen María, madre del perdón y de la misericordia, interceda por cada uno de nosotros y nos ayude a acoger la gracia del perdón que se nos ofrece tan generosa y abundantemente en este tiempo de misericordia, en este día de salvación. Con mi bendición apostólica y mi oración fraterna.

Antonio, Card. Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Fuente original: http://www.archivalencia.org/contenido.php?a=6&pad=6&modulo=37&id=13434&pagina=1

Por Prensa